Indemnización por muerte en accidente de tráfico

El día 1 de enero de 2016 entró en vigor un nuevo sistema para valorar los daños y perjuicios sufridos por las personas en accidentes de circulación. Este cambio fue introducido por la Ley 35/2015, de 22 de septiembre. Las tablas que componen dicho sistema se conocen popularmente como el “baremo”, seguro que alguna vez has oído hablar de él. Pero ¿para qué sirve realmente?.

Qué es y para qué sirve el “baremo”

El “baremo” es el mecanismo creado legalmente para fijar las cuantías de las indemnizaciones que corresponden a las personas que han sufrido accidentes de tráfico. Posee carácter imperativo (se aplica con independencia de la existencia o no de póliza de responsabilidad civil).

El nuevo “baremo” comenzó a aplicarse el pasado 1 de enero de 2016. Regula las indemnizaciones por accidentes de tráfico ocurridos a partir de dicha fecha. Los siniestros que tuvieron lugar antes de la misma se rigen por el sistema y legislación anteriores.

Es importante que conozcas los supuestos prácticos de aplicación del “baremo”. Ha quedado meridianamente claro que extiende sus efectos a la hora de determinar las indemnizaciones por daños en personas, como consecuencia de accidentes de tráfico. Sin embargo, esta norma va un poco más allá y rige igualmente en otros supuestos. La jurisprudencia ha reiterado su aplicación, con carácter orientativo, en casos de daños personales por accidentes laborales o negligencias médicas.

Los daños indemnizables por accidentes de circulación son los personales (morales, físicos o psíquicos) y los patrimoniales. Los titulares de los derechos de indemnización son: la víctima y, en caso de fallecimiento de ésta, el cónyuge, ascendientes, descendientes, hermanos o allegados. Estos últimos son, precisamente, una de las novedades introducidas en la normativa que entró en vigor a principios del año 2016. Todas las categorías de perjudicados dejan de ser excluyentes entre sí (la indemnización a un afectado se paga con independencia de la existencia o inexistencia de otros pertenecientes a diferentes categorías). Allá va un ejemplo clarificador: tienen derecho a la indemnización por muerte en accidente de circulación los hijos biológicos del fallecido y, al mismo tiempo, podrían tenerlo igualmente los hijos de la pareja de aquél que convivieran con el mismo. Eso sí, los biológicos percibirían cantidades variables y los segundos (allegados) un importe fijo y menor que en el primer caso.

Indemnizaciones por fallecimiento y novedades en el “baremo” 2016

El nuevo “baremo” pone el acento en el incremento de la protección y de las indemnizaciones a las víctimas por accidentes de tráfico. La mejora resarcitoria es posible gracias a la implantación de un sistema más activo, actual y adaptado a los tiempos que corren.

A partir de ahora, las compañías aseguradoras deben indemnizar a los servicios de salud autonómicos por los gastos derivados de importes médicos futuros, ciertos gastos relacionados con la rehabilitación, sustitución de prótesis etc.

En caso de fallecimiento de la víctima, mejoran sustancialmente las indemnizaciones respecto al sistema anterior. Se individualizan teniendo en cuenta las nuevas estructuras sociales y familiares. Además, se distinguen dos tipos de resarcimiento por daños patrimoniales: el correspondiente al perjuicio patrimonial básico o gastos razonables derivados del fallecimiento (400 euros mínimo) y el relacionado con gastos específicos, incluyendo traslado de los restos mortales, repatriación, funeral, lucro cesante etc.

Así pues, cada víctima o perjudicado recibe, sin obligación de justificar, la cantidad fija de 400 euros en concepto de gastos razonables por fallecimiento. Obviamente, dicha cifra puede incrementarse si se justifica adecuadamente. La valoración de los gastos patrimoniales viene recogida en la tabla 1c del “baremo” y engloba tanto daño emergente como lucro cesante.

Seguramente ya sepas qué es el lucro cesante. Si no es así, te recordamos el concepto y las novedades introducidas en el nuevo “baremo”. El lucro cesante es la pérdida de ganancia por parte de la víctima como consecuencia del accidente. La nueva norma mejora la forma de determinar la cantidad correspondiente a este concepto, incluyendo no sólo los ingresos netos dejados de percibir, sino también los trabajos no remunerados y la pérdida futura de capacidad laboral (amas de casa, estudiantes…). Por otra parte y según la ley, pueden incluirse como daño emergente los siguientes conceptos: desplazamientos, manutenciones, alojamientos de familiares, gastos de entierro y funeral…

Las indemnizaciones por muerte (perjuicio personal básico de la tabla 1a) oscilan entre los 50.000 y 90.000 euros para el cónyuge, entre los 20.000 y 90.000 euros para ascendientes o descendientes, entre 15.000 y 20.000 euros para los hermanos y son de 10.000 euros en el caso de los allegados. Para los cónyuges viudos se tienen en cuenta los años de convivencia y la edad de la víctima. A la hora de fijar la indemnización para los ascendientes se valora la edad del hijo fallecido y para los descendientes o hermanos la de los beneficiarios.

A estas cantidades deben añadirse las correspondientes al perjuicio personal particular. Los aspectos que engloban este apartado tienen que ver con la vinculación o dependencia respecto al difunto y si existe discapacidad física, psíquica o sensorial en el beneficiario, que puede ser previa o como consecuencia del accidente. Algunos de los conceptos que se integran en esta tabla 1b son: “convivencia del perjudicado con la víctima”, “perjudicado único de su categoría”, “perjudicado único familiar”, “fallecimiento de ambos progenitores en accidente”, “fallecimiento del único hijo” etc.

Con la nueva regulación, las indemnizaciones por fallecimiento se incrementan un 50 por ciento de media.

El “baremo” 2016 incluye novedosos conceptos indemnizables (pérdida de la calidad de vida, gastos sanitarios futuros…), inexistentes con anterioridad, que persiguen reforzar la protección de las víctimas.

Se produce una reducción del 75 por ciento en las indemnizaciones, cuando la víctima incumple la normativa relativa a medidas de seguridad (no uso del cinturón de seguridad, del casco etc.), provocando un agravamiento de los daños. Cuando la culpa es exclusiva del perjudicado, éste no tiene derecho a indemnización alguna, a excepción de los menores de catorce años.

Como has podido comprobar, se incluyen ciertos allegados del fallecido como posibles perjudicados y titulares del derecho de indemnización, junto a cónyuges viudos, ascendientes, descendientes y hermanos. Eso sí, deben cumplirse determinados requisitos para que pueda darse tal circunstancia: haber convivido familiarmente con el fallecido al menos durante los cinco años inmediatamente anteriores al momento de la muerte y tener una relación de parentesco o afectividad especialmente cercana con la víctima. Cada allegado percibe una cantidad fija, con independencia de la edad que tenga.

Por otra parte, se impone a las aseguradoras la obligación de actuar diligentemente a la hora de cuantificar el daño sufrido por las víctimas, formular la oferta motivada a las mismas y liquidar la indemnización. En caso de disconformidad con la oferta motivada, las partes afectadas pueden solicitar un peritaje forense independiente y llegar a un acuerdo a través del procedimiento de mediación.

Se ofrece, por tanto, la posibilidad de emplear una vía alternativa a la judicial, para que víctimas y aseguradoras puedan ponerse de acuerdo en torno a la indemnización a percibir por parte de las primeras. Este nuevo mecanismo acelera considerablemente el proceso, favorece la celeridad en el cobro y permite ahorrar, al evitar los costes asociados a la interposición de la demanda ante los tribunales.

El derecho a una pericia independiente viene recogido en el Real Decreto 1148/2015, de 18 de diciembre, que también entró en vigor el 1 de enero de 2016.

Otra novedad es la creación de la Comisión de Seguimiento del Sistema de Valoración. Forman parte de la misma asociaciones de víctimas y entidades aseguradoras. Su misión fundamental es analizar la puesta en marcha del nuevo sistema de valoración, así como sus repercusiones jurídicas y económicas.

Actualización de las tablas

Seguramente te lo estés preguntando y la respuesta es sí, las tablas seguirán poniéndose al día año tras año. A partir de enero de 2017, las cuantías y los límites correspondientes a las indemnizaciones fijadas en el “baremo” se actualizarán automáticamente, teniendo en cuenta la revalorización de las pensiones establecida en la oportuna ley de presupuestos generales del Estado.

En enero de 2016, por tanto, se incrementaron las indemnizaciones por fallecimiento en accidentes de tráfico. Además, surgieron nuevos conceptos resarcibles y beneficiarios.

Si te hallas en un trance de estas características, no dudes en contactar con profesionales del derecho especializados. En Garanley Abogados te recordamos que existen diferentes tipos de accidentes y que las indemnizaciones dependen de éste y otros muchos factores (gravedad de las lesiones, secuelas, circunstancias personales…). En cualquier caso, siempre trabajamos para obtener la máxima indemnización posible para nuestros clientes.

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