Testamento y declaración de herederos: ¿son lo mismo?

Aunque son instituciones distintas, testamento y declaración de herederos están íntimamente vinculadas. Analizamos sus puntos de conexión y diferencias.

Es probable que estos dos conceptos te suenen, porque todas las familias pasan por procesos similares al fallecer los padres o los abuelos. Puede, sin embargo, que no aciertes a definir con exactitud ambos términos, que lógicamente están íntimamente relacionados. Si es así, debes tener una idea bien clara: testamento y declaración de herederos no son la misma cosa, porque la segunda se efectúa sin necesidad de existir el primero.

Por tanto y para que tengas meridianamente claras ambas definiciones, debemos empezar diciendo que existen dos formas de nombramiento de los herederos. Puede realizarse a través de manifestación de la voluntad del testador (en caso de existir testamento) o por medio de designación legal realizada tras la muerte del causante (“ab intestato”). Ambas acciones tienen como objeto el nombramiento de los herederos del testador, aunque el testamento va más allá y puede contener otras estipulaciones.

En resumidas cuentas, el nombramiento de herederos puede realizarse por vía testamentaria o por vía notarial cuando fallece el causante sin dejar testamento (declaración de herederos abintestato).

Nombramiento de herederos por vía testamentaria

El testamento es un documento, por lo general de carácter notarial, en el que el testador puede nombrar a sus herederos o legatarios. En el mismo es posible incluir igualmente otras cláusulas, como las relacionadas con el reconocimiento de hijos, nombramiento de tutor, de albaceas, administradores etc.

Recordemos que los testamentos comunes son: el ológrafo, el abierto y el cerrado. Dentro de los testamentos especiales se encuentran: el militar, el otorgado en el extranjero y el marítimo.

La declaración de herederos abintestato

Cuando el causante fallece sin dejar testamento, es necesario que un notario proceda a realizar la oportuna declaración de herederos. En este sentido, cabe resaltar que la Ley de Jurisdicción Voluntaria, de 23 de julio de 2015, ha simplificado extraordinariamente el procedimiento, pues es la notaría la encargada de realizar siempre dicha declaración.

La sucesión intestada se encuentra regulada en los artículos 912, 913 y 914 del Código Civil y en el 55 y 56 de la Ley del Notariado. Se aplica no sólo cuando no existe testamento a la muerte del causante, también cuando es nulo, ha perdido su validez, no contiene declaración de herederos en todos o una parte de los bienes etc.

Según establece el artículo 55 de la Ley del Notariado, “quienes se consideren con derecho a suceder abintestato a una persona fallecida y sean sus descendientes, ascendientes, cónyuge o persona unida por análoga relación de afectividad a la conyugal, o sus parientes colaterales, podrán instar la declaración de herederos abintestato”.

Para acreditar la no existencia de testamento, debes solicitar un certificado de últimas voluntades al Ministerio de Justicia. Se trata de un documento en el que se refleja el otorgamiento o no de testamento por parte del causante fallecido.

También debes solicitar un certificado de seguros con coberturas de fallecimiento al mismo organismo.

Con ambos documentos, el certificado de fallecimiento y otros (el de matrimonio en su caso, los de nacimiento de hijos, el libro de familia etc.) el notario en cuestión se encarga de redactar el acta de declaración de herederos. Se trata de una escritura en la que se refleja el fallecimiento de una persona y el nombramiento de los correspondientes herederos.

Es competente, para redactar el acta, el notario del último domicilio del fallecido, el del lugar donde se hallare la mayor parte de la herencia o el del lugar de fallecimiento del causante.

Es precisa la asistencia de dos testigos, para corroborar la declaración y la inexistencia de otros herederos. Ambos pueden ser parientes del fallecido, siempre y cuando no tengan interés directo en la sucesión.

Tras la firma en notaría, han de transcurrir al menos veinte días hasta que el notario ultime la declaración de herederos, concluya el acta y la protocolice. En el acta se indican las identidades de los herederos, además de los derechos que por ley les corresponden en la herencia. Debe hacerse constar el derecho a ejercitar su pretensión antes los tribunales, por parte de quienes no hubieran sido localizados, no hubieran acreditado su derecho a la herencia o se sintieran perjudicados.

La declaración de herederos hace referencia a los que tenían tal derecho el día de la muerte del causante, aunque después de dicha fecha falleciera alguno de ellos.

En la sucesión intestada, por tanto, es la ley la encargada de determinar los parientes que heredan y la proporción en la que lo hacen. En derecho común, los llamados a heredar son, por este orden, los siguientes:

  • Hijos o descendientes. Los nietos heredan por “representación” (por partes iguales entre ellos, la parte que hubiera correspondido al progenitor), sin perjuicio de la cuota legal usufructuaria del viudo/a en caso de vivir.
  • Padres o ascendientes. Padre y madre reciben partes iguales. Si sólo vive uno de ellos, lo hereda todo. En caso de haber fallecido ambos, heredan los abuelos dividiendo el caudal por la mitad entre las líneas materna y paterna.
  • Cónyuge.
  • Hermanos y sobrinos.
  • Tíos.
  • Parientes colaterales de 4º grado (primos, hermanos de abuelos, nietos de hermanos…).
  • Estado español. En defecto de todos los anteriores, hereda el Estado.

En Cataluña, el cónyuge o conviviente en unión estable ocupa el segundo puesto, tras hijos y descendientes.

En definitiva, testamento y declaración de herederos no son la misma cosa, aunque ambos pueden ir de la mano. La compleja tramitación y la dispar casuística sobre estas cuestiones hacen aconsejable ponerse en manos de un abogado especializado, que se encargue de gestionar y llevar a buen puerto la sucesión en cuestión.

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